jueves, 22 de mayo de 2008

Manu Contepomi habló de todo un poco

Manuel Contepomi, en una charla al finalizar la Clínica Nacional de Rugby Personal 2008, destacó que "una de las claves del tercer puesto en el mundial de Francia 2007 fue pensar en roles definidos, tareas claramente asignadas y ejecutadas." "Siempre nos preguntan cómo hicimos. Y siempre hablamos que lo que nos impresionó del equipo fue cómo cada uno entendió a la perfección el rol que cumplía", destacó. "En general la gente conoce más a un Agustín Pichot, Felipe Contepomi, Juan Martín Hernández, `Chalo' Longo... Y capaz no saben que en el plantel estaban Esteban Lozada, Martín Schusterman o Federico Serra, gente que jugó quince o veinte minutos en todo el Mundial", resaltó Manuel. "Independiente de eso todos los componentes entendieron a la perfección que el rol que ocupaban en el equipo era elemental para el éxito. Nosotros, que estuvimos varios años en el seleccionado, sabemos que costaba entenderlo. El que no jugaba capaz no tenía el mejor humor y repercutía en el resto", recordó el centro de Newman. Y pasó a ilustrar con un ejemplo concreto. "Siempre a fin de gira damos unos premios internos. Al más gracioso, al que mejor se entrena, al menos todo, etc. Y el último que damos, votado por los propios jugadores, es al mejor compañero. Esta terna estuvo integrada por Sergio Carossio, el kinesiólogo, Federico Serra y Martín Durand", recordó. "¿Por qué cuento esto? Imagínense un Federico Serra que jugó sólo quince minutos, un Martín Durand que antes de empezar el Mundial era considerado por la prensa, el equipo y por él mismo uno de los titulares. Pero jugó mucho menos de lo que esperaba. Pero la actitud que tuvieron hacia el equipo a pesar de no figurar, fue admirable... De constante apoyo y alegría. Por eso terminaron siendo los tres elegidos mejores compañeros", destacó.
"Nos pareció muy importante compartir con ustedes estas cuestiones que son necesarias para encarar una competencia de esas características como un Mundial, pero también para continuar en nuestras vidas cotidianas. El rugby se acaba, después continúan las cuestiones familiares y personales y en consecuencia hay que actuar como en nuestras carreras deportivas", cerró "Manu".
El rugby y los valores
"El rugby es una escuela de vida, un deporte de caballerosidad por excelencia. Imagínense si en el rugby no se respetara al contrario, ni al árbitro, ni a uno mismo, sería un ring de boxeo de cien metros por cincuenta. Es un deporte de mucho contacto y rigor físico, pero con reglas bien claras. La caballerosidad está por encima de todo. Los golpes son una parte secundaria de todo lo que el rugby te da".
Ricardo Sbrana/"La Nueva Provincia"